Monday, September 15, 2008

Mirco Repetto





Era 1996. Mirco Repetto, dibujante y argumentista, creador de La Vaca Aurora y responsable de los argumentos de las historietas de Anteojito e Hijitus, de García Ferré, tenía 81 años que parecían 60. Vivía en un departamento de la calle Mansilla, y había vuelto a casarse con su primera mujer, después de enviudar dos veces. Con Lita, su primera y última mujer, habían hecho un viaje en moto hasta San Luis, con las dos hijas muy pequeñas embutidas en un sidecar, y ahora dormían en casas separadas. "Yo inventé el estilo Mia Farrow-WoodyAllen", decía. La charla de aquel día de abril de 1996 -hacía calor, él era un hombre pequeño y seco, formaba parte de un proyecto sobre el humor gráfico argentino que la Revista terminó por no publicar.

Elena, una de sus hijas, dice hoy que a él le hubiera gustado estar en estas páginas. El 4 de febrero último, Mirco murió de un ataque al corazón que lo salvó piadosamente de un desgaste que no hubiera querido. Aquella tarde de abril, hace tres años, Mirco decía, con tonito zumbón y como si nada fuera a pasarle: .. -Nací en la Liguria;Italia. Con mis amigos cazábamos lagartijas y se las regalábamos a un boticario que nos daba caramelos de orozú. Algún experimento haría, y cuando creé al Chif, de La Vaca Aurora, me inspiré en él. Yo también soy el Chif: soy naturista y me cocino, mi estómago es como el estómago de la vaca, mi laboratorio. Me indigesto, me empacho, pero soy partidario de Hipócrates, que decía: Que tu alimento sea tu remedio. Si estoy cansado mentalmente, como polenta de mijo que tiene mucho fósforo, lecitina y magnesia.
La Vaca Aurora se publicó por primera vez en la revista Cara Sucia, de Billy Querosene, el 24 de julio de 1940. "Érase que se era una vaca llamada Aurora, un tanto coqueta y caprichosa, muy amante de la música y los bombones. Su existencia transcurría apaciblemente en una chacra, hasta el infausto día en que fue vendida a un tal Nicodemo, boticario del pueblo de Chismes, sujeto catalogado como nigromante, adivino, brujo y apasionado por todo lo que se relacione con la magia negra", recitaba Mirco, sin que la memoria le pidiera respiro. -Aurora nunca habló ni pensó. Mugía, eso sí, la saqué después en Mundo Infantil, hasta 1956: salió en la revista Episodio, y después me la pidió García Ferré, para republicarla en Anteojito. Hice algunos argumentos nuevos en los años 70; de esa época son los últimos. Le agregué un personaje, un viejo criollo que tenía allá en mi rancho, en Paso del Rey, un tipo ladino, que era el jefe de Ios ladrones.
Floripondio, el ayudante del Chif, estába inspirado en uno de mis compañeros de la primaria. Gordito, coqueto, pedante, veía películas yanquies y quería hablar en inglés, saludaba: Hello, boys. Nos tenía hartos iDecía cada chambonada! El boticario era excéntrico. Decía que si las vacas comen pasto y dan leche, si comían manzanas podían dar sidra. Ahora existe la leche fortificada y mi boticario ya la había creado: le daba de comer cemento a la vaca para que diera leche fortificada. La vaca, cuando se cansaba de los experimentos, se escapaba. Aurora psicodelia, entonces, allí estaba Repetto, inventando sueños cándidamente lisérgicos para una vaca que enloquecía ante la sola mención de la palabra rock. -Era lindo dibujar a la vaca bailando; Una vez la llevé a Marte. Hizo una guerra entre Piperilandia y el país vecino con sifones atómicos.
En la década del 40 cayó en la tira un tipo con un aparato donde quería meter a la vaca y sacar corned beef, pero salió enlatado. En una de las latitas estaba la lengua del tipo. La latita hablaba. Después lo reconstruyeron, y le injertaron la lengua al revés. Entonces el tipo hablaba al revés, y la escritura era al revés.
Mirco fue también director de la revista Patoruzito, de Dante Quinterno, donde hizo además argumentos para Patoruzú y el Patoruzú de Oro, esa joya de lomo cuadrado que llegaba puntualmente cada fin de año y se esperaba entre el olor del chimichurri, las cañitas voladoras y la sidra de rigor. -A Patora, la hermana del indio, la dibujó Quinterno, pero yo le di carácter. La hice marimacho, le encantaban los hombres, por poco los violaba, pero tampoco podía bandearme.
Una vez Quinterno me dijo: "Basta de dictadores latinoamericanos en Patoruzito". Yo lo hacía a Patoruzito derrotando a dictadores latinoamericanos, como Batista. Hice el Chei Patoruzito en 1960, cuando la figura del Che Guevara era más romántica. Pero un día, las paredes empezaron a dar vueltas. Surmenage, le dijeron. Renunció a su cargo de director y se fue a vivir a una quinta en Paso del Rey.

Se quedó en el campo 37 años. Los pasó dibujando...escribiendo, leyendo. Lijando muebles, cortando maderas, construyendo casas. Si no se le ocurría un argumento, ahí estaba Mirco buscando la musa, planfando un nogal nuevo, talando un árbol. Construyendo una escultura de su vaca querida.

Un día, vinieron unos japoneses de una secta a ver la quinta y dijeron: Ohhh, álboles... álbol saglado. Vieron mi taller y dijeron: Ohhh, acá, iglesia. y yo pensé: "Qué destino, tiene que ser así... mi estudio convertido en una iglesia de una secta japonesa, qué lindo".

Una Aurora de cemento coloreado que sigue dando la bienvenida a visitantes desde el sÍtio donde la dejó él, hace tres décadas. Me fui a vivir a mi rancho. Al principio me iba bien porque le salvé la vida al jefe de los ladrones. Tenía ataques de presión y en mi auto lo llevé hasta el hospital de Morón. El hombre, muy agradecido era tartamudo y decía: Do- don n Mimimirca es mi papapadre.

El no dejaba que me robaran. Pero un día se murió y me desvalijaron. Así que lo puse en venta. Pero no quería que el comprador me cortara los árboles que yo había plantado desde chiquitos. El problema era que no tenían plata. Prácticamente se las regalé. Sabia que iba a sufrir viniendo a Buenos Aires. Entonces me programé. Caminaba entre el portón y la casa y pensaba: "Voy a Buenos Aires, nada menos que a las entrañas del monstruo, tengo que adáptarme, no tengo que sentir sufrimiento".
Mirco seguía trabajando para Quinterno como colaborador, pero la dupla Repetto-Quinterno" era demasiado carácter junto para un país tan chico como la Argentina. -Los hijos de Quinterno pusieron a sus compañeros del Champagnat en puestos clave de la empresa. Una doctora en no sé qué empezó a aprobar o desaprobar las síntesis de mis argumentos. Yo eso no lo acepté y me fui. Un día me llega un telegrama a mi rancho, en el que Quinterno me pide que vaya a verlo. Voy y me dice: "Pero querido Repetto, usted nos abandonó, no nos trabaja más.".. y o le expliqué que si los argumentos los leía él o Mariano Juliá y los criticaban yo lo aceptaba, pero que si venía una doctora en Ciencias Económicas y los leía, no.
Le dije a Quinterno: "Estos son paracaidistas elegantes. Leen Patoruzú porque les da de comer, pero vienen de un status donde no se lee Patoruzú, donde nunca leyeron Patoruzú. Ponga a esta gente en una empresa cero kilómetro y a ver si la levantan como usted levantó esta empresa". y Quinterno me dice: "Repetto, por fayor, trabaje conmigo, yo estoy agotado". y le digo: "Bueno, pero es culpa suya. Usted tiene que hacer un ensayo general de muerte. Esta noche, hace de cuenta que se murió y se va a su estancia, que hace seis meses que no pisa, y deja a los hombres excelentes que le manejaron la empresa hasta ahora".
Bueno, al fin publicaron Patoruzito escolar para competir con Billiken y Anteojito, y les fue mal. Entonces, me fui con García Ferré. Mirco se fue a trabajar con García Ferré, la competencia absoluta de Quinterno, para quien remozó personajes como Neurus, Larguirucho, Cachavacha, e ideó los argumentos de Hijitus y Anteojito. García Ferré le pidió que en vez de colaborar, empezara a trabajar en la editorial en forma frecuente. Para que le tomen el peso a la oferta laboral: Mirco tenía ya 73 años. y aceptó. -Ahora hago argumentos de Anteojito y de Hijitus. Prefiero eso a dibujar. El tablero es esclavo y el argumento me deja tiémpo para otras cosas, me queda tiempo para leer a Marguerite Yourcenar, a la Duras. O sobre la cuestión espacial. Ultimamente, había vuelto casi a trabajar para Quinterno, haciendo la síntesis argumental de una película animada sobre la vida de Patoruzú, una supuesta coproducción con la Disney que quedó en la nada.

Cuando murió, su hija Elena le llevó a García Ferré el sobre en el que Mirco, ya mudo y en silla de ruedas, había dejado los últimos argumentos para Hijitus. La quinta de Paso del Rey ya no es de la comunidad japonesa; ahora pertenece a una familia que le cuida los árboles como los hubiera cuidado Mirco. La Vaca Aurora se publica cada verano en Anteojito y la escultura que la recuerda, a la entrada:de la quinta, siempre está en pie. Se reía; Mirco, aquella tarde de abril. Habló de novios.

"En el campo de mi sobrino yo asistía con mucho entusiasmo a los preparativos para inseminación artificial; pero no dejaba de reprocharle al veterinario: "¿No le paréce una injusticia sacarle a la vaca el placer de encontrarse con el toro?" A pesar de eso, no, Aurora nunca tuvo novio. Me parecía impropio. No. Nada es más impropio que la muerte.

*Extraido de Patoruzú web y algunas imagenes del blog www.imageandart.com.

3 comments:

Néstor Taylor said...

Que grande!, siempre colgando lo bueno de la historia de los dibujantes.Muy buenolo de Tulio Lobato.
Un abrazo!

Fernando Sosa said...

Muchas gracias Nestor,un poco por mi impulso de fan de la historieta argentina es me lleva a buscar información de estos grandes dibujantes y compartirla con quien pase por el blog.
Te mando un saludo

Sergio Maganás said...

que grande mirco!! Un genio!!!!