Friday, July 12, 2013

Gil Kane






*Extraido de http://www.tebeosfera.com/1/Libris/REH/autores/Gil/Kane.htm


























Riga, Latvia, 1926 – New York, 2000
Uno de los mejores intérpretes de la fantasía heroica en el cómic, creador de mundos, personajes y de toda una dinámica.
 
 
 
Gil Kane fue uno de los muchos seudónimos utilizados por Eli Katz, nacido en lo que hoy es Letonia, en su día integrada en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El joven Eli emigró junto con sus padres a la ciudad de Nueva York en 1929 y allí conoció la obra de los autores que le impulsaron a convertirse en dibujante de cómics: Prince Valiant de Harold Foster, Flash Gordon de Alex Raymond y Terry and the Pirates de Milton Caniff.

Se matriculó en el Art Students League y, al poco, con sólo 16 años se introdujo en la industria, respaldado por Jack Binder y Bernad Baily. Sus primeras viñetas vieron la luz en las editoriales MLJ (en la serie Scarlet Avenger), Street and Smith Publications (Blackstone the Magician), Timely (Red Hawk, Visión y Young Allies), Quality (Candy) y algún que otro cómic de crimen, como The Black Owl. Entre 1947 y 1948 ya se codeaba con los grandes puesto que colaboró con Joe Simon y Jack Kirby en títulos como Sandman o Newsboy Legion. A partir de entonces, su lápiz aparecería en publicaciones de multitud de sellos editoriales: Fox, Holyoke, Aviation, Hillman Eastern, Fawcett, Prize, Pines, New Friday o Avon Periodicals, firmando sus entregas alternativamente con los falsos nombres Scott Edwards, Al Kame, Al Stack o Pen Star.

En aquellos tiempos su trazo no era especialmente bueno y pensó que sus defectos provenían de la sumisión a una mecánica industrial para la cual la permisividad y la experimentalidad eran palabras sin significado. En 1947 dibujó al personaje Wildcat para la serie de DC Sensation Comics, y allí utilizó el alias de Gil Stack en un principio, adoptando el nombre de Gil Kane varias entregas después. Con ese seudónimo definitivo llegaría su estilo rabiosamente personal de dibujo, ora en títulos del oeste como Johnny Thunder, Hopalong Cassidy, The Trigger Twins, ora en tiras periódicas como King of the Royal Mounted. Refinado su estilo, Kane perpetuó su nuevo nombre al incorporarse a las series de DC Green Lantern y Atom.

En la década de 1960 Kane se incorporó a los superhéroes, siendo entonces cuando definió completamente su estilo: sus angulaciones sorprendentes, los contrapicados inéditos, las posturas casi dolorosas, las manos estudiadas... A mediados de los años sesenta ya era un autor de peso tras su participación en proyectos de corta vida pero enorme interés: Captain Action para DC, T.H.U.N.D.E.R. Agents para Tower, Flash Gordon para King, y multitud de páginas de terror para Warren Publishing. En 1967 comenzó a trabajar para Marvel Cómics, pero su relativa buena reputación no le salvó de ser rechazado por Stan Lee por dibujar «muy feo a Hulk» A partir de 1970 sí logró Kane captar la atención de los fans “marvelianos” con su trabajo en The Amazing Spider-Man, Captain America, Warlock, Captain Marvel, Marvel Premiere, Werewolf by Night, Ghost Rider, Micronauts, Ka-zar... y cuando Lee dejó su cargo en manos de Roy Thomas, este editor y guionista prestó toda su confianza a Gil y le encomendó historietas de Gulliver Jones, Ka-zar, fill-ins y centenares de cubiertas.

Kane era un artista muy veloz y sólo John Buscema le superaba en capacidad de producción durante ese tiempo: Kane dibujaba y entintaba hasta cuatro páginas al día; siete, si sólo tenía que resolver el lápiz (en cierta ocasión dibujó y entintó siete páginas de una historieta de Conan en un día). Sin embargo, Thomas le prefería como portadista, porque componía estupendamente y era capaz de sobrellevar un ritmo de cinco portadas diarias (el investigador David Hamilton ha estimado que ilustró unas 800 cubiertas de tebeos de Marvel durante los años setenta).

No obstante este conducirse profesional cercano al estajanovismo, Kane jamás adscribió sus trazos por completo a la cadena industrial y quiso experimentar por sí mismo. Esto lo cual intentó con His Name is... Savage! y Blackmark, obras erróneamente calificadas en su día como iniciadoras de una colusión del cómic con la literatura. Del primer proyecto tan sólo hubo un número, íntegramente dibujado por Kane con altas dosis de violencia y sadismo para la época y que pilló desprevenidos a los lectores. La fórmula editorial ausente de cánones, en blanco y negro, con rotulado tipográfico de bocadillos y que mezclaba temas variopintos (crimen, fantasía, espionaje, política / ficción) propició su fracaso, aunque luego pasase a ser considerado el impulsor de los magacines en blanco y negro de la década siguiente.

Inasequible al desaliento, Kane probó suerte con otro proyecto arriesgado: Conan. El artista confiaba en el potencial de las narraciones de fantasía heroica y pensó en llevar a Conan a viñetas paralelamente a His Name Is... Savage! en 1968. El proyecto no prosperó por varias razones y Gil creó en su lugar a su propio bárbaro: Blackmark, una historieta de espada y brujería servida con viñetas sueltas acompañadas de textos al pie y en formato de libro de bolsillo (Bantam Books, 1971). Resultó otro descalabro comercial, a los lectores de libros no les sedujo el invento y a los consumidores de comic books no les llegó. Con todo, el astuto Thomas olfateó su calidad y convenció a Kane de reeditar la historia con sus viñetas redistribuidas en la revista The Savage Sword of Conan, aspecto éste que no restó calidad al producto pero que tampoco convenció a los lectores. Así, la saga de Blackmark fue destinada a otra cabecera, Kull and the Barbarians, y habría que esperar cinco años para disfrutar de continuación, publicada unitariamente en un magazine de Marvel Preview.

Pese a los desplantes del público, Kane consiguió algunos galardones por ese tiempo (el de la NCS en 1971, o el Reuben Goldberg en 1973) y prosiguió dibujando comic books durante los setenta siempre con el prurito de innovar, y de hecho rompió moldes con la tira diaria Star Hawks, una serie de space opera realizada en colaboración con el famoso crítico e historiador de cómics Ron Goulart, o con la sunday strip del personaje Tarzan que hiciera para la agencia United Features Syndicate.

Esta producción más experimental coincidió con algunos de sus cómics de Conan: las cubiertas y el interior de dos números de Conan the Barbarian, el 17 y el 18, resueltos de maravilla, donde nos mostró a un cimmerio enormemente atractivo, pleno de juvenil furia y de elasticidad fiera; una historieta para Savage Tales (la inolvidable “Night of the Dark God”); el inicio de la saga “Conan el Conquistador” en la serie Giant Size Conan y, en The Savage Sword of Conan, dio forma a algunos de los últimos guiones de Thomas: el basado en relatos originales de Robert E. Howard (“The Dark Man”, adaptada como “The Treasure of Tranicos”); el último guión de Thomas pergeñado antes de su marcha de la Marvel (“King of the Forgotten People”); y salvaría de la monotonía a la serie Conan the Barbarian tras la defección de Thomas con una saga de Conan en Cimmeria.

En 1974, Kane formaría parte de otro proyecto relacionado con las creaciones de Robert E. Howard, pues fue él quien convenció al dibujante underground Richard Corben para adaptar al cómic el relato del creador de Conan “Valley of the Worm”, adscrito a su ciclo de narraciones sobre Memoria Racial. La idea, a tenor de Dennis Wepman, no satisfacía al Corben de aquellos años, receloso del racismo y la brutal carga de violencia que supuraba la obra, y lo adaptó a su modo denominando al resultado Bloodstar (Morning Star Press, 1976). El propio Kane adaptaría luego esta historia para Marvel, que la ofreció con tonos grises en el núm. 1 de Kull and the Barbarians y en color en el núm. 3 del comic book Supernatural Thrillers.

Quizá el último intento de Kane por hacer historietas que se saliesen del cauce más comercial deba datarse en 1979, año en que trabajó para el semanario franco belga Tintin, para el cual creó al personaje de talante burroughsiano Jason Drum. Algo cansado, en los años ochenta se reintegró a la maquinaria solvente del comic book en exclusiva para DC (tras una discusión con el Editor en Jefe de Marvel Jim Shooter). Allí, bajo guiones de Marv Wolfman, sacó del tedio a los lectores de Superman, menudeó por series como Vigilante o Sword of the Atom, y dibujó el tebeo de bárbaros de enorme atractivo Talos, estupenda serie de bárbaros de DC jamás editada en castellano. El artista usaba ya a esta altura de su carrera trazos más bruscos y secos pero sin perder su sentido del ritmo, ese retrato de la fortaleza física pugnando por liberarse que constituye la esencia de su personalidad gráfica. Así lo demostró en los cómics dibujados en sus últimos años de vida, como la adaptación del ciclo operístico de Richard Wagner El Anillo de los Nibelungos, o como su trabajo para Malibu Comics; y no debemos olvidar su participación en series animadas sobre superhéroes para la televisión.

Kane ha sido considerado uno de los maestros del cómic surgidos en los años sesenta y setenta junto con Neal Adams, Steve Ditko y Alex Toth. De él han aprendido enormemente otros autores como Frank Miller o los clones de la historieta finisecular estadounidense. En varias entrevistas publicadas en Amazing Heroes, The Comics Journal o Comic Book Artist ha demostrado ser un hombre inteligente, culto, viajero y romántico que jamás necesitó elaborar historietas comprometidas con problemas reales porque lo que le atrajo siempre fue la épica. De ahí que dedicara más de treinta años a preparar su proyecto sobre El Anillo de los Nibelungos, pues quería narrar aquella intensa historia con el ritmo que le dictaba su interior.

Él mismo lo declaró en 1990: «fluyen por mi sangre... mito y poesía»

Eli Katz, Kane, falleció en enero de 2000.

2 comments:

quique alcatena said...

Qué capo...

Fernando Sosa said...

Asi es Quique,gracias por pasar y cometar.Un saludo.