Saturday, May 02, 2009

HUGO PRATT ¿ITALIANO EN ARGENTINA O ARGENTINO EN EL MUNDO?






Autor: OSCAR DE MAJO


HUGO PRATT ¿ITALIANO EN ARGENTINA O ARGENTINO EN EL MUNDO?
Cubierta de la edición española de "El gaucho"
RESUMEN

Reflexión sobre la obra de Hugo Pratt relacionada con la Argentina, donde el autor pasó gran parte de su vida y desarrolló su carrera profesional.


HUGO PRATT, ¿ITALIANO EN ARGENTINA O ARGENTINO EN EL MUNDO?

1. Introducción

1.1. Hugo se escribe con “h”:

“Hugo Eugenio Pratt (Rimini, 15 giugno 1927 – Grandvaux, 20 agosto 1995) è stato un autore di fumetti, romanziere e saggista italiano. Il suo Corto Maltese è uno dei più noti personaggi del fumetto italiano ed internazionale” (Wikipedia, Italia).

Hugo Pratt nació “Ugo”, sin “h”, como todos los Ugos que nacieron en Italia. Cuando llegó a la Argentina, con poco más de 20 años, en 1949, se le “acriolló” el nombre, como se estilaba en aquella época, y se le puso una “h”. Con este simple trámite de aduana, “Ugo” Pratt se transformó en Hugo Pratt, para siempre, ya que, cuando se fue de Argentina, en 1962, se llevó la “h” con él, y cuando se ganó el nombre que adquirió a nivel mundial, ya lejos de nuestro país, se lo ganó con “hache”, en todos los idiomas. Sirva como prueba el primer párrafo de este trabajo: el inicio del informe sobre Hugo Pratt que figura en la Wikipedia de Italia, en italiano, no solo lo menciona con “h”, sino que lo hace nacer en Rimini, en 1927, con la “h” ya puesta, lo cual es mucho.

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1.2. Panorama de la historieta argentina a la llegada de Hugo Pratt:

En la década del '40 comienza la que podría denominarse la "Epoca de Oro" de la historieta nacional. A las ya existentes grandes antologías argentinas (El Tony – Editorial Columba, 1928- y Patoruzú – Dante Quinterno, 1936), se suman una que marchará a la vanguardia del humor escrito y dibujado, por muchos años: Rico Tipo, de Guillermo Divito (1944); y Patoruzito (también de Quinterno, 1945). Pero, fundamentalmente, el inicio de la época de oro lo marca la aparición y consolidación de la historieta "seria", "adulta", que le valdrá el mote de "literatura dibujada", y que se apoya en la fundación, en el mismo año de 1945, de la revista Intervalo, también de Editorial Columba, que viene a llenar el "bache" y completa el espectro que se da con Billiken, para los chicos; Patoruzito y El Tony, para los jóvenes, e Intervalo, para los adultos.
Aunque el valor de Intervalo es innegable, y en ella comenzaron a publicar sus primeras obras muchos de nuestros grandes dibujantes, la estética "quietista" de la revista le otorga una calidad artística cuestionable. Para ganar su prestigio de "adulta", la historieta que se publicaba en Intervalo se apoyaba casi siempre en modelos literarios, con ausencia por completo de guion, el cual se limitaba a reproducir textualmente o a resumir el texto original adornado con ilustraciones; un palabrerío que repetía casi siempre lo que las pocas imágenes ya mostraban, dejando incluso de lado el tan característico "globo" de las historietas para utilizar solo el epígrafe (reproducción del texto al pie de la ilustración) o largas tiradas de viñetas ocupadas solo con palabras, sin dibujos.
Aires nuevos llegan a fines de la década, cuando se instala en Argentina la editorial Abril, que, a través de revistas como Misterix y Rayo Rojo, promoverá la difusión de la historieta nacional y significará lo que a fines del siglo XIX fue Caras y Caretas y, en las primeras décadas del XX, las publicaciones de Columba o Quinterno.

Entre los últimos años de los ’40 y los primeros de los '50 se afianza esta edad de oro con la aparición de dos figuras fundamentales para la historieta nacional que, de alguna manera, iniciarán lo que después se conoció como "comic de autor": el guionista Héctor Oesterheld, que comienza a publicar en Editorial Abril y más tarde en su propia editorial (Frontera), y un dibujante italiano recién llegado a la Argentina: Hugo Pratt.


2. Un italiano en Argentina
Aunque, como dijimos, Hugo Pratt nació en una pequaña aldea italiana, muy cerca de Rimini, decía siempre que era veneciano. Trillo y Saccomamo (Historia de la Historieta Argentina, 1980) relatan que lesdecía Ongaro[1], durante su estadía en Argentina, en la Bienal Cordobesa de 1979: “Yo soy veneciano, ¿saben? Como Hugo Pratt y Dino Battaglia, que son mis amigos…”.
Venecia había ejercido sobre Pratt una gran fascinación, desde muy pequeño, por ser la ciudad en la que pasó su infancia y, seguramente, imaginó sus primeras aventuras. En 1937 su padre, que era soldado, se traslada a Etiopía con toda la familia y muere en un combate entre las tropas italianas y las británicas. El pequeño Hugo fue confinado a un campo de concentración, donde casi lo fusilan, a pesar de su edad, por meterse en un problema de espías. Allí comenzó a escuchar y a tejer historias que más tarde le servirían de argumento para ambientar sus propias historietas. Indudablemente, estos primeros años de peregrinación y dificultad forjaron ese espíritu aventurero y cosmopolita que lo marcó para el resto de su vida.
A los dieciocho vuelve a Venecia, donde pasa un tiempo ocultándose de los alemanes y se hace amigo de Ongaro y Faustinelli, con los que crea una revista de historietas en la que Pratt boceta a lápiz episodios de As de Pique, su primera creación, con guiones de Ongaro. La revista fracasa y se hace marinero. Dos años más tarde el mismo equipo vuelve a intentarlo y vuelven a fracasar. Evidentemente, para Italia no había llegado el momento de la historieta. Pero sí había llegado el momento de este lado del mar, en Buenos Aires, donde el Sindicato Surameris decide contratar historietistas italianos para la Editorial Abril, a fin de dar impulso a la naciente industria historietística argentina, y Pratt se embarca con destino al Río de la Plata.
“Aquí comienza su etapa más fecunda. Sus historietas Ray Kilt, El Sargento Kirk, La Legión Extranjera, Ernie Pike, Lord Crack, Wheeling, Capitán Cormorant, Ann y Dan, Ticonderoga, afianzan a un artista que cada día dibuja mejor”. (Trillo y Saccomano, op.cit.)



Con escapadas a Venecia (donde se casa por primera vez), Brasil, y otros lugares del mundo, podemos decir que Hugo Pratt pasa casi 20 años de su vida en nuestro país, donde trabaja como dibujante de historietas y como docente en la Escuela Panamericana de Arte de Buenos Aires, expone sus pinturas, trabaja como actor en fotonovelas (“hacía siempre de malo”, confesaba él mismo), se dedica a cazar jabalíes y pumas en el interior del país, canta en los trenes, y toca en varios locales nocturnos de Buenos Aires para ganar algo más de dinero y pagarse unas copas. A pesar de que en los años que pasó en nuestro país Pratt no dibujó historietas con temática ni personajes argentinos (la guerra, el oeste norteamericano, los lugares exóticos, eran los temas preponderantes en esa época), conoció, degustó y adquirió la cultura argentina como si fuera la suya, y la reflejará cuando se vuelva definitivamente a Europa y comience a producir historietas completas (guion y dibujos) y a sonar como uno de los más grandes del mundo en el género. Es en esta etapa de consagración cuando la temática y la geografía argentinas, cuando su pasión por el tango, se plasmarán en su obra, sobre todo en Y todo a media luz, El Gaucho, y en varios apuntes y bocetos de trabajos que no alcanzó a terminar.

3. Un argentino en el mundo
Con el cierre, en los ’60, de las revistas de Oesterheld (Hora Cero y Frontera) Pratt, a pesar de que recala un tiempo en Columba, pierde su principal fuente de ingreso y de inspiración, y se vuelve a Italia. Allí dibuja “L’Ombra” para el Corriere dei Piccoli, sobre un guion de Ongaro. Esta serie se inspira en el legendario “As de Pique”.

Gracias a Hugo Pratt comienzan a difundirse en Italia una gran cantidad de historietas argentinas (sobre todo las que habían aparecido en las revistas dirigidas por Oesterheld), en una publicación que él mismo bautiza Sargento Kirk. En 1967, para esta revista, escribe y dibuja La Balada de Mar Salado. Pablo de Sanctis (“La constancia del viajero”, 2003), relata así el momento: “Cuando apareció La Balada del Mar Salado Pratt tenía 40 años y gozaba del reconocimiento que por entonces tenían los autores de historietas, a mitad de camino entre la discreción y el anonimato. Recién se empezaba a hablar de ‘comic de autor’ y se revisaba la historia del género para encontrar algo más que una laboriosa artesanía”. En esta aventura larga, que va a marcar un antes y un después en la carrera de Hugo Pratt, se va a producir la primera aparición de un personaje secundario, un marino llamado Corto Maltés, que se convertirá en la más famosa creación de Pratt, en uno de los personajes de historieta más conocidos del mundo, y que incluso llegaría a ser en el “alter ego” del autor. Es innegable el parecido físico entre Hugo y el Corto Maltés. Y también son similares sus historias de vida y sus aventuras por el mundo. Pocos saben que Corto Maltés, a pesar de haber visto la luz en Italia, en el ’67, fue concebido por su creador en La Boca, durante su larga estadía en Argentina, mientras veía entrar y salir los barcos en el Riachuelo.


Como no podía ser de otra manera, Corto, en su peregrinar por el mundo, estuvo en la Argentina, a la que ama y conoce tan perfectamente como su creador, y al que Pratt utilizará para desarrollar varios temas en los que venía investigando desde sus años en la Argentina. Según Pablo Muñoz (“Un poco de historia”, 2004), “Hugo Pratt creó al Corto, su obra más popular, dotándolo de una serie de datos, fechas y cronologías que aseguraran la generación del mito. Hoy, el famoso marino aventureroparece más real que los lectores mismos”. Por eso vamos a recorrer la cronología de Corto, siguiendo a Muñoz, para conocer su vida, que es una especie de paralelismo con la vida de Hugo Pratt: “Corto Maltés nació el 10 de julio de 1887 en La Valetta (Malta). Su padre era un marino inglés oriundo de Cornualles y su madre era una gitana llamada ‘La Niña de Gibraltar’, nacida en Sevilla (España). Es decir: una explosiva mezcla de sangres y culturas. Por el origen de su padre, Corto es ciudadano británico. Su residencia habitual, aunque es un trotamundos, es La Antigua (Antillas), pero su residencia predilecta la tiene en Hong Kong.A través de sus historias nos iremos enterando de que Corto viajó a China en plena guerra de los Boxers (1900); y que con solo 13 años se compromete en su primera acción bélica, destruyendo un cañón. A fines de 1904, presencia la revuelta de Manchuria y conoce a Jack London, el famoso narrador inglés. Allí también traba amistad con Rasputín, un desertor de la armada del Zar, con quien viaja hacia Africa en busca de las Minas de Oro de Etiopía (…). En 1905, en nuestra Patagonia, Corto y Rasputín se topan con los famosos bandidos norteamericanos Butch Cassidy y Sundance Kid. Dos años después, Corto ha vuelto a Italia, precisamente a Ancona, donde conoce a un ruso llamado Diougatchvili, un modesto encargado de hotel que terminará siendo el famoso Stalin (...). Retorna a la Argentina en 1908, y desde allí hasta 1913 Corto hace escala en Marsella, en Túnez, en Las Antillas, conoce Nueva Orleáns, recorre la India y nuevamente recala en China. En 1913 trabaja a las órdenes del misterioso Monje en las aguas del Pacífico Sur. Luego comienzan las historias en Sudamérica (...). En 1916, Corto Maltés recorre Brasil y el Amazonas. En 1917 se traslada a Saint Kitts, Antillas, Belice, Maracaibo y Barbados. Posteriormente vuelve a Europa. Su aventura (...) se inicia en Venecia, para trasladarse al mar Adriático, a Dublín (Irlanda) y a Stonehenge, en un clima de hadas y mitología céltica. [De allí va a] Yemen, Somalia y Etiopía. En noviembre de 1918 se reencuentra con Rasputín (...) en Mongolia y China (...). Recala una vez más en Venecia y la siguiente aventura lo encuentra en Rodas, buscando un tesoro (...). En 1923, Corto retorna a la Argentina. De 1924 (…) es la aventura en los cantones suizos. Después de recorrer continentes y océanos, Corto Maltés emprende en 1925 su última aventura (...): la búsqueda de La Atlántida. Pratt no dibujó más aventuras completas de Corto, pero por apuntes, ilustraciones y menciones en otras obras, podemos seguirle las huellas al marinero. Así, sabemos que en 1936 se inmiscuye en la Guerra Civil Española, formando parte de las Brigadas Internacionales. Y que allí desaparece de escena.” El mismo Pratt negó que esa desaparición significase la muerte de su personaje, pero la muerte del propio autor parece confirmar este dato. Y pocas muertes encontraríamos más dignas de Corto que abordar su último barco luchando del lado del bando republicano en España.





4. Las obras de temática argentina
Las obras de temática argentina de Hugo Pratt llegarán con el alejamiento, con la nostalgia por los amigos, por su segunda patria, por la juventud. En una entrevista que le hiciera Germán Cáceres, a fines de los ’80, responde, cuando Cáceres le pregunta por qué está de nuevo en la Argentina: “El cariño hacia este país sigue vivo en mí. Como ya se sabe, trabajé mucho tiempo en la Argentina, donde tengo amigos y nietos, así que cualquier ocasión para venir la aprovecho con alegría. Hay una historia de Corto Maltés que describe Buenos Aires en la década del veinte: Y todo a media luz…”.

4.1. “Y todo a media luz”:
Hugo Pratt da a conocer Tango (con el nombre de “Y todo a media luz”) en el año 1985, dentro de la revista italiana Corto Maltese. En Francia prefirieron publicarlo con el nombre de “Tango”, que terminó convirtiéndose en el definitivo. Pratt comentaba, un poco despectivamente, que un francés nunca podría entender el verdadero título, proveniente de este tango de los años veinte que solía escucharse habitualmente en “las casas de citas” (prostíbulos) de Buenos Aires, ciudad a la que Pratt dibuja y describe en su mejor momento: de noche… Decía que en una ciudad como Buenos Aires había que vivir la noche, y que la noche porteña se mostraba en todo su esplendor a la “media luz” de sus dos lunas, que aparecen siempre dibujadas en el fondo del paisaje urbano de esta obra, en la vieja estación Borges[2], entre Martínez y San Isidro. Este detalle muestra un homenaje y una clara influencia de Jorge Luis Borges en Hugo Pratt. Como él, mezcla aquí personajes reales e imaginarios, escenarios realistas y esotéricos y, entre otras cosas, coloca en manos de Corto un libro de Leopoldo Lugones, a quien Borges reconocía como uno de sus maestros.

La noche del Buenos Aires de los años ’20 venía irremediablemente de la mano del tango y la prostitución. Por eso, tango y prostitución son el eje de esta historia, que ocurre durante el año 1923 (cuando pelearon Firpo y Dempsey), aunque hay referencias constantes a 1905 y 1906, años en los que Corto y Rasputín estuvieron en Argentina y conocieron a Butch Cassidy, Sundance Kid y a Etta Place en la Patagonia (historia que no pasó de un proyecto, y que quedó sin contar). “El tema de la prostitución en la Buenos Aires de los años ’20 era algo que interesaba a Pratt desde largo tiempo atrás, y también la acción de los legendarios bandoleros por la Patagonia. Antes de dibujar estas páginas, Pratt hizo un viaje por el sur, para alimentarse de hechos reales…” (De Sanctis, op.cit.).
La protagonista absoluta de Tango es Louise Brookszowyc, una vieja amiga polaca de Corto Maltés, pero lo extraño es que no aparece en ningún momento. Louise había venido a la Argentina (hecho que ya se había narrado en Fábula de Venecia)para trabajar enla Varsovia, unasociedad de existencia real, fundada por un anarquista polaco, en 1906. En 1923 Corto recibe una carta urgente de su amiga, que lo hace venir a Buenos Aires. Cuando llega no la encuentra , y averigua que La Varsovia se está dedicando a la explotación de jóvenes provenientes de Europa del este, a las que obligan a prostituirse, y que Louise estaba metida en todo esto. Comienza una obsesiva investigación, y descubre finalmente que Louise está muerta y que tiene una hija pequeña que había desaparecido junto con su madre. Ante este hecho traumático, Corto se transforma en un personaje vengativo, pero teñido con una pátina nostálgica y romántica, en la que tienen mucho que ver tanto Louise como una mujer que fue muy importante en su vida. Esa mujer es la hija de la famosa Parda Flora, Esmeralda, a quien Corto había conocido en su primera estadía en Buenos Aires, en 1908, en el cabaret “La Rumbita”, donde trabajaba como prostituta, y con la que había tenido una tórrida relación amorosa.

En esta historia se reencuentra con ella y, tras una pregunta de Esmeralda, Corto le confiesa que hubo una única mujer a la que amó. Aunque no queda demasiado claro si esa mujer fue Louise o Esmeralda, de lo que sí no hay dudas es de que ese amor se relaciona con la Argentina, lo que puede tratarse de un dato autobiográfico, teniendo en cuenta la estrecha relación entre las vidas de Corto Maltés y Hugo Pratt. No hay demasiadas alusiones a los amores del Corto Maltés en sus historias. Incluso muchos de los amigos de Pratt lo molestaban poniendo en duda, en tono de broma, la virilidad del personaje. Por eso puede tratarse de un dato a tener en cuenta.
Volviendo al argumento de Tango, a partir de la muerte de Louise, Corto se centra en localizar a la hija de su amiga. Cuando la encuentra se hará cargo de ella Esmeralda, mientras el marino continúa averiguando quién mató a la madre. Curiosamente, se dirá después que Manía, la hija de Louise, será la madre de Valentina, el personaje creado por Guido Crepax[3], para seguir un juego que solían hacer los dos autores (Corto Maltés aparece en algunas historias del personaje de Crepax). Con la creación de Manía, Pratt aporta un origen para Valentina.

Para los fans europeos y los críticos jóvenes, Tango no es una de las grandes obras de Hugo Pratt. Claro, en Tango no hay mares y puertos, no hay aventuras en el sentido estricto de la palabra, no está la acción a la que el Corto nos tenía acostumbrados en sus primeras apariciones. Quizás no todos pudieron entender por qué nadie se asombraba de que “todos los años, el mismo mes, la misma noche, entre las estaciones de Martínez y San Isidro” aparecieran dos lunas parlanchinas. Quizás sea necesario ser (o sentirse, como Pratt) argentino y tener más de 50 años para escribir o disfrutar una obra como esta.


4.2. “Un Corto, una quebrada” y un proyecto que no fue:
Un conjunto de tango que suele trabajar mucho en Europa, el “Trío Esquina”, tuvo en 1991 una idea loca: crear "los tangos de Corto Maltés". Basándose en Tango, de Pratt, y teniendo en cuenta la formación predominantemente argentina del autor, este “delirio de sobremesa, concebido tras un concierto, cobró forma” (Julio Nudler, “Un corto, una quebrada”, 1999). El representante del trío en España, Marcos Castellani, consiguió la dirección de Pratt en Suiza, le escribió, le envió el boletín de tango que publicaba y el primer disco del trío, y Pratt les contestó que le encantaba la idea y le proponía una cita en Venecia. Cuando se encontraron, tras hablar durante horas sobre el personaje, y tras las muchas observaciones y comentarios que Marco le hizo, Pratt le dijo: “Castellani, me parece que usted conoce a Corto Maltés mucho mejor que yo”.

En ese momento trazaron el proyecto. Acordaron que Pratt escribiría y dibujaría una nueva historieta, con un argumento que concordara con los tangos que compondrían ellos. Pero el proyecto les disgustó a los editores de Pratt, particularmente a los de Francia, que se opusieron a mezclar un libro del “Gran Hugo” con un disco de un trío ignoto. Al morir Pratt, en agosto de 1995, esta historia pareció definitivamente terminada. Cuatro años después, la quinta y última mujer de Pratt, Patrizia Zanetti (que durante los últimos 20 años fue su colorista), reflotó el proyecto. Pero faltaba lo fundamental: la historia que Hugo, lamentablemente, jamás había escrito ni dibujado. Por esta razón, el disco quedó inserto en una reedición de Tango, por primera vez a color (coloreada por la propia Patrizia Zanetti). En diciembre de 1998 fueron lanzados 25.000 ejemplares en cinco idiomas: italiano, francés, alemán, portugués y español, con un enorme éxito de venta. Pero el disco incluyó solamente dos tangos nuevos, relacionados con Corto, ya que la premura con que se concretó, después de creerlo definitivamente olvidado, no les dio a los autores el tiempo suficiente para componer los restantes. Esos tangos nuevos fueron “Corto y Louise”’ y “La Senegalesa”, y nueve tangos viejos, elegidos entre los que fueron más revolucionarios “para la misma época en que Corto iba en busca de la muchacha esclavizada por los rufianes de la Varsovia (…). El fanatismo de Pratt por Aníbal Troilo, a quien conoció en un baño turco en Buenos Aires, justifica la inclusión de varios temas (entre ellos, ‘Mi refugio’ y el vals ’Un placer’), interpretados con los mismos arreglos con que los tocaban Pichuco y Roberto Grela” (Julio Nudler, op.cit.).


4.3. “El Gaucho” y “Viento de Tierras Lejanas”:
En 1991 se publica una historia con guion de Hugo Pratt y dibujos de Milo Manara[4], El Gaucho, que formaría parte de una serie de historias ambientadas en el continente americano. Esta serie queda trunca a causa de la muerte de Pratt, y solamente se publican dos episodios (Verano indio y El Gaucho).

El Gaucho narra la llegada de una brigada de soldados argentinos a la tribu del cacique Namuncurá, en la Patagonia, y la sorpresa de encontrar allí a un indio anciano, blanco y con ojos celestes. Al empezar a preguntar se enteran de que su nombre era Tom Browne, del 71º Regimiento de Cazadores Escoceses, y que había llegado a la Argentina con las tropas británicas en 1806, en tiempos de las Invasiones Inglesas a Buenos Aires.



La historia, en realidad, no tiene mucho que ver con el gaucho propiamente dicho, ya que el grueso de la misma es el pasado de Tom (relacionado con Molly Malone, una joven prostituta irlandesa, tema que resulta fascinante para Pratt). Lo realmente interesante son la descripción del desembarco de las tropas inglesas en Buenos Aires (tema que Pratt conocía al dedillo), la narración de la caída de la ciudad ante el poderío inglés y, sobre todo, las historias de corrupción y conspiraciones y la lucha por la libertad en todas sus manifestaciones, todo narrado con una violencia cruda que la pluma de Pratt y los lápices de Manara retrataron con maestría.
Con idéntico argumento que el de El Gaucho Pratt escribe su única novela publicada en vida[5]: Viento de tierras lejanas. Es evidente que este era el título original que el autor tenía en mente para El Gaucho, mucho más acorde que el que realmente lleva, por los hechos que ocurren en la historia, y que nuevamente los editores optaron por un título más genérico y más conocido masivamente.

Evidentemente, en sus último años, ya alejado del trabajo vertiginoso, Hugo Pratt reavivó los recuerdos de su juventud en la Argentina y comenzó a concebir muchos proyectos relacionados con nuestra tierra. Lo demuestran la fallida historieta relacionada con Corto Maltés y el tango (con el Trío Esquina), la serie de episodios con dibujos de Milo Manara que culminan con El Gaucho, la publicación de Viento de Tierras Lejanas y los bocetos de las aventuras patagónicas en las que retomaría la historia de Butch Cassidy y Sundance Kid. Lo curioso es que todos los casos que mencionamos se dan entre 1991 y 1995.Seguramente, de haber vivido unos años más, nos hubiéramos encontrado con muchas otras historias ambientadas en nuestras tierras, en las que Pratt, de la mano del Corto o con otros personajes, hubiera dado rienda suelta a sus recuerdos, a sus nostalgias y a su identificación con este lugar del mundo, haciendo gala de todo lo que sabía de nuestra historia y de nuestras costumbres.

Cuenta Milo Manara que, como él nunca había estado en Argentina, cuando estaban trabajando juntos en El Gaucho, lo que más lo complicaba de los guiones de Hugo Pratt eran algunos elementos que aparecían en la historia y él no conocía. “Decía, por ejemplo, que el gaucho abría la tranquera. Yo tenía que averiguar qué era una tranquera y sobre todo cómo era, para poder dibujarla. Lo mismo pasaba con el rebenque, el asado o el mate" (Entrevista a Milo Manara en La Nación, 25 de abril de 2007). Esto demuestra que estos componentes de nuestra cultura estaban tan adentrados en Pratt, formaban hasta tal punto parte de su esencia, que no se le ocurría que fuera necesario explicar qué querían decir para que su amigo pudiera dibujarlos; y Manara, por respeto a quien consideraba su maestro, prefería no preguntar y averiguar por sus propios medios. Y dejaba que los recuerdos siguieran fluyendo naturalmente en los guiones de Pratt…

5. A modo de conclusión
Como conclusión, y volviendo a la pregunta del título (Hugo Pratt, ¿italiano en Argentina o argentino en el mundo?), sustentada por la ya comentada “H” de Hugo, van dos pruebas finales para contestar, de alguna manera, una pregunta que no espera respuesta:


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Si se realiza una búsqueda en Google con “Ugo Pratt”, aparecen solamente un par de páginas italianas rebeldes que lo mencionan así, y el buscador nos sugiere: “Quizás quiso decir Hugo Pratt”. Si le hacemos caso a la sugerencia, llegaremos a páginas en todos los idiomas del mundo, inclusive italiano.
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La firma (una de las cosas que más refleja el ser de una persona) de Pratt llevó hasta su muerte, como corresponde, la “h”.

www.tebeosfera.com De todas maneras, aunque la pregunta no espera respuesta, voy a arriesgar una: Ugo Pratt, el bebé que nació sin “h” en Rimini, es, indiscutiblemente, italiano… Pero Hugo Pratt, el genial artista que nació y se formó con “h”, en Buenos Aires, para el mundo, es argentino.

Esta es nada más que una opinión… Tal vez un deseo. Quizás la respuesta final hubiera podido darla el que murió (¿con “h”?, ¿sin “h”?) en Suiza, que, no en vano, es un lugar neutral.

Quizás todo aquel que tiene una discordia imposible de resolver entre dos linajes (Borges, Pratt), deba elegir un lugar neutral para morir.

*Extraido de www.tebeosfera.com



2 comments:

Eric Zampieri said...

Un tipo con una visión realmente cinematográfica de la historieta. Un olfato increíble para delinear personajes humanos y evocar lo exótico y lo misterioso.

Fernando Sosa said...

Tal cual Eric,un tipo que iba mas alla de su epoca,o con los elementos que habia en su tiempo tuvo una visión mas vanguardista.
Yo ayer justamente me reencontré con una revista (virtual) que habia leido de niño y la habia perdido y que creo me marcó a full.Yo no me acordaba quien era su autor,tiré dos nombres probables por el estilo y eran Pratt y el viejo Breccia de los comienzos.Y era tal cual Hugo Pratt,no me habia equivocado.
Gracias a un colega Adrian Ruano me volví a encontrar con esa queria revista que casi nadie parecia recordar.
Ah!el personaje era la Sombra co-creda con Ongaro.