LA "PAMPA INGLESA" Y LA GEOPOLÍTICA DEL DESPOJO: EL COLONIALISMO SIN DISPARAR UN TIRO
Por Fernando Sosa
Dibujante, historiador y gestor cultural.
Existe un hilo invisible pero de hierro que une las antiguas expediciones hidrográficas y comerciales británicas en las costas patagónicas durante el siglo XIX con la actual avidez por derogar o flexibilizar la Ley de Tierras en la Argentina. Para comprender la naturaleza de la coyuntura contemporánea, es preciso desmontar la ficción de que los procesos de extranjerización territorial responden a "modernizaciones financieras" o a la mera atracción de inversiones. Por el contrario, nos encontramos ante la actualización de una matriz de dominación que Raúl Scalabrini Ortiz definió con precisión quirúrgica: la consolidación de un esquema neocolonial que no necesita desplegar tropas ni disparar un solo tiro para usufructuar el destino y las riquezas de una nación.
1. Las raíces británicas de la Campaña del Desierto
Mucho antes de que el general Julio Argentino Roca desplegara las remington del Ejército Argentino en la llamada "Conquista del Desierto" (1878-1885), la cartografía y los recursos de la Patagonia ya eran minuciosamente relevados por misiones británicas. Las expediciones de FitzRoy, King y Darwin, sumadas a los constantes reconocimientos comerciales en las riberas australes cuando el territorio aún estaba bajo control soberano de las comunidades originarias, no respondían a una simple curiosidad científica. Eran el trabajo de inteligencia exploratoria de un imperio en plena expansión industrial.
La oligarquía terrateniente argentina, que cristalizaría institucionalmente en la Sociedad Rural Argentina, no actuó como un actor verdaderamente autónomo, sino como la burguesía compradora y socia local del capital anglosajón. La expedición militar de Roca fue en gran medida financiada, pertrechada y orientada según las necesidades del mercado metropolitano británico. El resultado fue la incorporación de millones de hectáreas a un esquema de concentración latifundista donde las mejores tierras terminaron en manos de familias patricias y, de forma directa, de compañías de capital británico como la Argentine Southern Land Company (Compañía Tierras del Sud Argentino).
«El imperio británico no necesitó ocupar físicamente el territorio cuando logró que la elite local administrara sus recursos, trazara sus ferrocarriles hacia el puerto y garantizara la exportación de materias primas a cambio de su propia renta privilegiada.»
2. La Baring Brothers y la diplomacia de las finanzas
La genialidad del modelo imperial anglosajón en Sudamérica radicó en la sustitución de la conquista militar por el sometimiento financiero. A través del histórico empréstito de la Baring Brothers en 1824 y sus sucesivas reestructuraciones a lo largo del siglo XIX, la deuda externa funcionó como el verdadero yugo colonial. El diseño de la red ferroviaria no respondió a la necesidad geoestratégica de integrar las provincias o comunicar el interior con una visión federal, sino a la lógica extractivista: un abanico de rieles que convergía exclusivamente en el puerto de Buenos Aires para enviar carne y granos a Gran Bretaña.
En este engranaje, el poder militar y las elites conservadoras actuaron como los ejecutores internos de un diseño internacional trazado en Londres. Cuando la dirigencia de la Sociedad Rural o los voceros del capital concentrado ven con buenos ojos la entrega o venta de suelo patagónico a capitales extranjeros, no hacen más que rendir tributo a la génesis misma de su formación de clase. Para ese sector, el suelo patagónico nunca representó un espacio de soberanía inalienable, sino una mercancía disponible para la renta transnacional.
3. La derogación de la Ley de Tierras: La nueva conquista legal
Llegados al siglo XXI, la pretensión de derogar o flexibilizar las normativas que protegen el suelo patagónico, los acuíferos y las zonas de frontera representa la consumación de aquel viejo anhelo neocolonial. No se trata de un debate técnico o inmobiliario; es un problema de seguridad nacional y supervivencia geopolítica. La venta irrestricta de grandes extensiones a fondos de inversión extranjeros u oligarcas globales revalida la lógica de los enclaves privados.
Esta política de extranjerización se alinea de manera orgánica con la cesión de la navegación de nuestros ríos navegables, el alineamiento acrítico con los intereses geopolíticos anglosajones en el Atlántico Sur y la diplomacia de resignación respecto a nuestras Islas Malvinas. Desde los Acuerdos de Madrid en los años 90 hasta las medidas de desmantelamiento del presente, el objetivo es el mismo: la reprimarización absoluta de la economía argentina y la fragmentación de su integridad territorial.
Conclusión: La memoria como trinchera
Entender la historia en su larga duración —de más de 150 años de pulsión entre soberanía y coloniaje— nos otorga la lucidez necesaria para no dejarnos encandilar por discursos de eficiencia financiera o falsas modernizaciones. La tierra argentina no es un activo financiero negociable en un mercado internacional; es el sostén material de la Patria. Revelar la génesis de estos procesos es el primer paso de nuestra labor pedagógica y cívica para evitar que el país sea rematado en silencio.



























