Wednesday, July 29, 2026

LA MEMORIA HISTÓRICA COMO ANTÍDOTO CONTRA EL ODIO Y LA ENTREGA


En momentos de tanta saturación mediática, campañas enrarecidas en redes y un bombardeo constante diseñado para demeritar nuestra identidad nacional, siento la obligación cívica y ética de poner un freno, reflexionar y compartir una mirada histórica. No para alimentar polémicas vacías, sino para sanar el espíritu colectivo y entender dónde estamos parados.

Recientemente conversaba con mi madre sobre el impacto que generan ciertas manipulaciones digitales (como audios y videos generados con Inteligencia Artificial que circulan para instalar falsas narrativas y derrotismos sobre sucesos populares como el fútbol) y sobre el temor paralizante que muchas veces se busca inculcar en la sociedad. La generación de nuestros padres vivió en carne propia la persecución y el miedo en épocas oscuras; pero hoy, aunque los mecanismos de control no siempre vistan uniforme militar, operan mediante herramientas más refinadas: el espionaje, el disciplinamiento social, el ahogo económico y la desarticulación de la protesta. Frente a eso, el miedo no puede ser motivo de parálisis.

Al revisar en profundidad la obra documental de grandes maestros del cine político nacional —como Pino Solanas (Perón: La revolución justicialista, 1971) y Leonardo Favio (Sinfonía del sentimiento, 1999)—, queda al descubierto una verdad ineludible: los momentos que atravesamos no son un "castigo divino" ni una tragedia inédita, sino la repetición de un ciclo histórico.

Como estudioso de la historia argentina y de nuestros procesos políticos, no hablo desde el dogmatismo. Vengo de una tradición política distinta y mantengo una mirada crítica. Sin embargo, comprender la historia exige la honestidad intelectual de reconocer la magnitud de líderes populares como Juan Domingo Perón o Cristina Fernández de Kirchner. Gusten o no sus formas, hayan sido votados o no, son figuras centrales que encarnaron proyectos nacionales y que, por esa misma razón, enfrentaron los mismos embates que la Argentina sufre desde la época colonial.

La matriz del conflicto tiene más de tres siglos y un enemigo geopolítico claramente identificado en la injerencia anglosajona e imperialista:

  1. El péndulo de la proscripción y la persecución: Desde el embajador Spruille Braden en el 45, la proscripción de Perón tras el golpe del 55 y el derrocamiento de Arturo Illia por enfrentarse a los poderes corporativos y farmacéuticos, hasta el uso del aparato judicial y mediático contemporáneo para descabezar referencias populares. Cuando el poder económico no puede imponerse en las urnas, apela a la cancelación del jugador.

  2. El ataque a la autoestima colectiva: Intentar reducir a 47 millones de argentinos al estigma de "corruptos" o "tramposos", o desmerecer las alegrías populares (como el fútbol) a través de campañas de odio en el extranjero, no es casualidad. Buscan romper el orgullo y la unión para que aceptemos resignadamente la entrega de nuestros recursos naturales y nuestra soberanía.

  3. El canto de sirena de la ignorancia: La falta de formación e investigación histórica nos condena a tropezar con las mismas piedras. Creer en falsos salvadores o en mitos caducos sobre nuestra identidad (como pretender encasillar a la Argentina únicamente en "los barcos", invisibilizando el crisol del interior y nuestras raíces mestizas e indígenas) es entregarle argumentos al extranjero para ridiculizarnos. Y peor aún: cuando desde las más altas vocerías del Estado se proyectan discursos desequilibrados o serviles afuera, se termina consolidando una imagen contraproducente para todo el pueblo.

Argentina no es la caricatura que construyen los algoritmos ni la prensa maliciosa. Somos una nación con problemas, aciertos y complejidades, exactamente igual que cualquier otro país del mundo. La diferencia es que poseemos un patrimonio histórico y una capacidad de resiliencia gigantesca.

No alimentemos el algoritmo del odio. Dejemos que su propio veneno los consuma. Nuestro deber cívico, nuestro modo de hacer patria hoy, es estudiar nuestra historia, cultivar el pensamiento crítico, proteger a la familia y crear desde el arte y la verdad.

La memoria popular es más profunda y duradera que cualquier coyuntura. Esto también pasará.

~ Fer Sosa


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